Nación. En lo que va del año, en el país se autorizaron 85 solicitudes de pacientes para importar un producto derivado de la marihuana para uso compasivo. Se trata de un aceite con cannabidiol, que es el componente principal de la planta de marihuana y que se produce en los Estados Unidos.

Ayer, el titular de la Administración Nacional de Alimentos, Medicamentos y Tecnologías (Anmat) informó a la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados que la agencia había autorizado el ingreso de 85 frascos del producto en los últimos cinco meses y medio. Según pudo conocer LA NACION, se trató de 80 solicitudes para el tratamiento de síntomas de la epilepsia refractaria y cinco solicitudes para aliviar dolor. Esa forma de epilepsia es resistente a los antiepilépticos disponibles.

El “uso compasivo” es un recurso que permite comprar en el exterior e importar al país sin arancel medicamentos que no se producen o no están disponibles en nuestro país. Para eso, se necesitan una indicación médica y la constancia de que el paciente no responde a las terapias existentes, entre otros requisitos sobre la utilidad del producto a importar y sus principios activos. La solicitud se presenta en la oficina del Servicio de Comercio Exterior ubicada en el edificio del Instituto Nacional de Medicamentos (Iname), que depende de la Anmat.

“Estamos totalmente a favor de permitir la importación de estos tratamientos (cannábicos)”, aseguró Carlos Chiale, administrador nacional de la Anmat, durante la reunión en el edificio anexo del Congreso de la Nación. “No es la panacea ni un placebo -continuó-. Hay que saberlo manejar. En el mejor de los casos, es un adyuvante del tratamiento recomendado que mejora la calidad de vida. Y eso no es menor.”

Chiale dijo que, dada la capacidad instalada en el país de laboratorios de producción pública de medicamentos, “qué mejor que como producción estratégica se elaboren en esos laboratorios este tipo de productos”.

En marzo pasado, la Anmat difundió un documento sobre las sustancias sujetas a control especial: los psicotrópicos, los estupefacientes, los precursores químicos y las sustancias de corte. “Dado que en el país no se producen medicamentos derivados del cannabis, su acceso es únicamente mediante una importación destinada a atender el tratamiento de un paciente en particular, lo que resulta en un acceso de excepción (uso compasivo)”, aclara el documento. La agencia anticipó, entonces, que estaba haciendo “una evaluación rigurosa de la evidencia científica internacional” sobre los productos con sustancias derivadas, ya sean naturales o sintéticas, del cannabis.

Ayer, Chiale le entregó a la Comisión de Salud, que preside la diputada Carolina Gaillard (FPV), una copia de los resultados obtenidos tras analizar 16 revisiones sistemáticas y metaanálisis más dos estudios observacionales sobre la eficacia y la seguridad de los cannabinoides en pacientes de cualquier edad para tratar el dolor crónico, las náuseas y los vómitos de la quimioterapia; la estimulación del apetito en las personas que viven con VIH/sida; la espasticidad de la esclerosis múltiple; el síndrome de Tourette, y la epilepsia refractaria.

Por ahora, los estudios disponibles no permiten llegar a una conclusión en el tratamiento para reducir los tics del síndrome de Tourette. En cambio, sobre el dolor, se observó que “los cannabinoides muestran beneficios leves a moderados” comparados con el placebo, y “el THC fumado demostró ser la intervención con mayor efectividad”.

En cuanto a la epilepsia refractaria, “los trabajos realizados con cannabidiol encontraron en un 40% de la población estudiada, todos casos con encefalopatías epilépticas graves, una reducción de la frecuencia de crisis de más del 50% y efectos adversos en un 12% de la población. Estos resultados son similares a las últimas drogas disponibles para estas formas de epilepsia”, explicó Silvia Kochen, directora del Centro de Neurociencias Clínicas y Aplicadas, Epilepsia, Cognición y Conducta del Instituto de Biología Celular y Neurociencias de la Facultad de Medicina de la UBA-Conicet. Por eso, Kochen consideró durante su presentación ante la comisión que “se debe legalizar su uso y realizar estudios controlados como con las otras moléculas”.

Para la espasticidad y los espasmos con dolor de la esclerosis múltiple, la evidencia indica que el nabiximols, según informó la Anmat, podría tener un papel “importante” con las terapias habituales. Y los cannabinoides mostraron ser cuatro veces más efectivos que el placebo para reducir las náuseas y los vómitos después de la quimioterapia. En los pacientes con VIH/sida, el acetato de megestrol fue superior a los cannabinoides.

Con la reunión de ayer comenzó el tratamiento de los proyectos de ley hacia la despenalización de la marihuana para su uso en salud. Son cinco las iniciativas presentadas sobre el tema. Son de los diputados Héctor Gutiérrez (UCR), Victoria Donda (Libres del Sur), Soledad Sosa Capurro (Frente de Izquierda), Diana Conti y Araceli Ferreyra, ambas del FPV.

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