La Vanguardia. Buenos Aires, 20 jun (EFE).- El debate de proyectos de ley orientados a permitir el consumo de medicamentos derivados de la marihuana abre una puerta en Argentina para la despenalización del uso medicinal del cannabis, demandado por madres y padres de niños con enfermedades que no responden a los tratamientos convencionales.

La Comisión de Salud de la Cámara de Diputados de Argentina analiza actualmente tres proyectos: dos para despenalizar el consumo para uso terapéutico y otro para pedir al Ejecutivo que realice los estudios necesarios para determinar si es viable utilizar medicamentos ricos en cannabidiol, derivados de la marihuana, en el tratamiento de la epilepsia refractaria.

“Existen casos clínicos, pero no existen conclusiones científicas que confirmen lo que aparece en algunos casos. Estamos planteando al Gobierno que disponga de los fondos y los institutos que puedan comprobarlo a partir de estudios”, dijo a Efe Héctor Gutiérrez, diputado de la Unión Cívica Radical (integrante del frente gobernante Cambiemos), quien presentó ese tercer proyecto.

En Argentina, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) ya ha avalado el tratamiento con aceite de cannabis para 85 enfermedades y autorizado la importación, lo que para el diputado Gutiérrez significa que “empieza a haber de parte del Estado una respuesta”.

La despenalización es demandada, principalmente, por los grupos de padres y madres de niños con epilepsia refractaria, que han pasado años viendo a sus hijos sufrir con tratamientos que no tuvieron ningún resultado y han encontrado en el aceite de cannabis una alternativa que controla las crisis y alivia los dolores.

“Desgraciadamente, está atravesado por la legislación penal”, dijo a Efe Ana María García, presidenta de Cannabis Medicinal Argentina (Cameda) y madre de una joven de 26 años que ha padecido epilepsia refractaria desde los tres.

En el transcurso de estos 23 años, García ha intentado varias posibilidades terapéuticas y hasta viajó a Estados Unidos cuando su hija tenía 9 años para ver si era posible realizar una cirugía que terminara con la epilepsia.

En abril de 2014, en la hora del almuerzo, García vio en la televisión el caso de Charlotte Figi, una niña de Colorado, Estados Unidos, que tenía unas 300 convulsiones semanales hasta que sus padres optaron por el aceite de cannabis.

García recuerda que el desconocimiento en su entorno “era pleno” y que tenía “cero cultura cannábica”. A pesar de eso, consiguió un aceite casero y su hija empezó a mejorar “notablemente, sobre todo en lo cognitivo”.

Para ese momento, García ya estaba conectada con otras mujeres que pasaban por la misma situación que ella.

Así surgió Cameda, a través de la que trabajaron distintos espacios, desde brindar asesoramiento hasta organizar seminarios sobre las propiedades medicinales del cannabis, mientras María Laura Alasi, otra madre de la organización, buscaba la posibilidad de que la Anmat le permitiera el ingreso a Argentina del aceite Charlotte, bautizado así por la niña estadounidense.

Alasi fue la primera que lo logró y, por ese motivo, fue una de las que disertó la semana pasada frente a la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados.

“Creo que de a poco, más rápido, más lento, los legisladores van tomando conciencia. Es necesario que saquen al cannabis del centro y pongan allí el dolor y el sufrimiento”, consideró García sobre el debate que actualmente sucede en el Congreso.

“El desconocimiento es muy grande en Argentina y todo se lo asocia al (uso) recreativo”, añadió.

“Aspiramos a ir paso a paso. Los usos compasivos son prioritarios en relación con las otras cuestiones que tienen que ver con la despenalización”, dijo, por su parte, el diputado Gutiérrez.

Además de la eventual despenalización para el uso medicinal, en Argentina asoma otro debate: ¿Quién estará autorizado para producir el aceite?

La organización no gubernamental Mamá Cultiva Argentina reúne a madres que producen los aceites en forma colectiva y brega por el autocultivo. Otros como Gutiérrez prefieren, en cambio, una producción controlada por los laboratorios de gestión estatal.

“Nosotros tenemos laboratorios nacionales, una producción pública de medicamentos. Los cannabicultores pueden hacer y trabajar en conjunto con la ciencia”, agregó García. EFE

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