Dia Adia.  Una familia tucumana asegura que la vida de su hijo cambió a partir del uso de la marihuana para tratamiento de un tipo de epilepsia que padecía. El niño padece el síndrome de Landau Kleffner, afección que causa distintos trastornos y que se manifiesta también con episodios de epilepsia. Sus padres, que son de Arcadia, una pequeña localidad del interior tucumano, piden cambiar las leyes para no vivir en “la clandestinidad” por tener que adquirir aceite de marihuana que se produce en Córdoba y que no tiene una habilitación.

“Un día vi en la tele un informe de Charlotte, de la primera niña que uso el cannabis para sus ataque epilépticos y al otro día empecé a buscar por Internet, a leer y, si bien no había para casos de epilepsia como el de mi hijo, nosotros por nuestros medios tratamos de conseguir para plantar, pero al no estar en el ambiente de consumidores no encontrábamos a nadie que nos diera una planta”, dijo Daniela Armendia, la mamá, a La Gaceta. Luego de ponerse en contacto con varias comunidades cannábicas, tuvo la respuesta que esperaba desde Córdoba.

Un grupo de cultivadores de marihuana con fines recreativos empezaron a producir este aceite en Córdoba y se ofrecieron ayudar a Santiago.

“Mi hijo tomaba tres pastillas a la mañana y otras tres a la noche. Yo le suspendí dos y comencé con el aceite, cinco gotitas debajo de la lengua antes de ir a dormir”, contó Daniela, quien aseguró que luego de dos días los cambios fueron radicales.

La historia de Santiago

Santiago es un nene de 6 años que fue diagnosticado, luego de varios estudios, con el síndrome de Landau Kleffner. Se trata de una afasia epiléptica con desorden convulsivo, un síndrome neurológico infantil caracterizado por un desarrollo repentino o gradual de la incapacidad de entender o expresar el lenguaje.

A los dos años empezó a decir mal las palabras aprendidas, a los tres dejó de controlar esfínteres y al tiempo parecía no escuchar.

“Nosotros llegamos a pensar que habían abusado de él, nunca nos íbamos a imaginar que era epilepsia, y no lo íbamos a relacionar nunca porque él se dormía y convulsionaba desde que se dormía hasta que se despertaba”, contó Daniela.

La mamá relató que cuando cumplió los 5 años, ya en la escuela, empezó a tener más problemas.

“Se ponía re loco, agresivo, los compañeros le agarraban, él se lastimaba, era consiente de esto pero no sabía por qué lo hacía”, dijo.

“La primera crisis que tuvo fue una especie de ausentismo, ahí volvimos a consultar al neurólogo porque no sabíamos que hacer”, contó Daniela, a la vez que recordó que al no contar con el dinero para pagar la consulta, no pudo ver al médico en Tucumán. En ese momento, con su marido, tomaron la decisión de buscar ayuda y viajar a Buenos Aires para que Santiago fuera visto por un especialista del Hospital Garrahan.

El neurólogo de aquel sanatorio cambió la medicación por otra aún más cara, unas pastillas antiepilépticas importadas de Alemania.

“Costaban 690 dólares y eran 50 pastillas que duraban una semana, pero no le hacían nada; mi hijo estaba triste, en la escuela no avanzaba, tenía episodios de violencia con la maestra, lloraba y lo llevamos a una escuela especial para alfabetizarlo en el lenguaje de señas porque había perdido el habla por completo”, relató la mujer, quien luego de transitar esta involución de su hijo buscó otra solución en el cannabis.

Gotas de cannabis y polémica con el médico

En la escuela, las maestras y psicólogas notaron la diferencia y se lo hicieron saber a la mamá. “Para nosotros fue bastante bueno, porque de no prestar atención y no hacer nada en clase a que la maestra saliera sorprendida, fue todo un avance”, manifestó.

“Santiago comenzó a mejorar en la conducta, de ser el peor de la escuela pasó a ser el escolta, de no hablar nada comenzó a hablar, fue un cambio muy grande”, destacó la mujer.

Santiago es escolta en su escuela.

Al mes de darle aceite de cannabis, la familia volvió al Garrahan para hacerle los estudios de rutina. Santiago era inducido al sueño para hacerle el electroencefalograma, que duraba 30 minutos. Habitualmente, el pequeño convulsionaba la media hora sin parar, pero en este estudio “solo convulsionó tres veces pero muy leve”, aseguró la mamá.

En febrero de este año, Santiago pasó nuevamente por este estudio, pero esta vez duró 10 minutos. “El médico me dice ‘mirá tu nene esta re bien, no tiene nada’, y me muestra el estudio que no tenía convulsiones; estaba feliz”, detalló Daniela, pero al momento de revelarle al neurólogo qué medicación le estaba dando a su hijo tuvo como respuesta la sorpresa y la molestia del profesional.

“Después de un cruce de opiniones con el médico, dijo que pensaba estaría bueno que en Argentina lo dejen estudiar, me contó que aparte de Santiago tenía tres pacientes que probaron con el aceite a dos le resultó y a uno no”, recordó la mamá que hoy busca desde Tucumán ayudar a más padres que estén pasando por situaciones similares.

Según publicó La Gaceta, con otras familias tucumanas conformaron una comunidad cannábica para ayudar a otros que necesiten este aceite para el tratamiento de enfermedades. Si bien no cultivan, cuentan con el apoyo de la organización cordobesa para proveer este remedio casero y desde allí reclaman un amparo de las autoridades para este tratamiento que por ahora es clandestino.

http://www.diaadia.com.ar/argentina/padres-aseguran-que-el-aceite-de-marihuana-cambio-la-vida-de-su-hijo

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